La isla de Alborán

¡Hola mundo! Les escribo desde mi barco. Todavía no tiene nombre. No soy de ponerle nombres a las cosas para después no cogerles cariño, no soy de cogerle cariño a las cosas. De todas maneras, no escribo esta entrada para hablar de mí, bueno sí, un poco.

Llegué a la isla de Alborán no sé muy bien cómo, cuándo ni por qué. Solo sé que llegué. Desde mi primera inspección pude ver grandes acantilados por todas partes y poco a poco me fui dando cuenta de la cantidad de cuevas que escondían esas piedras que me daban tanto miedo por la noche. Pero el miedo no hacía que me quedase en el centro de la isla ya que por el día bajaba a algunas de las playas a tomar el sol, bañarme, observar aves o a leer los libros que encontraba en el faro. Así fue como me formé para ser grumete. El faro era mi dios.

Mapa isla de Alborán
(Fuente: Wikipedia)

Mi isla era pequeña, pero tenía algunas cosas más; aparte de acantilados, cuevas y playas. Para enseñároslo os dejo el inventario que hice antes de irme.

           -  Un faro rojo y blanco del siglo XIX
           -  Un barracón
           -  Una granja cubierta de arañas, escarabajos,
            caracoles y salamanquesas
           -  Un mirador que tiene una placa con nombres
           -  Un helipuerto
           -  Un campo de fútbol
           -  Un precioso campo de margaritas amarillas
           -  Un observatorio sísmico
           -  Y un escudo con un ancla y una corona

Foto isla de Alborán
(Fuente: La guarida de Viriato)

Como he dicho antes, el faro era mi sitio favorito en la isla. Allí encontré muchos libros sobre navegación, animales, plantas, piratas y diversos lugares en el mundo como España, Marruecos y Argelia. Durante mi estancia, me topé con un cementerio donde descansaban cuatro cuerpos. Según había leído en los diarios encontrados en el faro, tres de ellos eran de los antiguos fareros que habitaban la isla; el otro, era de un tal Al – Bonary un corsario tunecino que fue el que le puso el nombre de Alborán a ese territorio. Este hombre parece ser que utilizó la isla para refugiarse y como punto de partida para sus asaltos a las costas mediterráneas de la Península.

Isla de Alborán al fondo
(Fuente: Vital Alsar - El Zamna)

Bueno pues hasta aquí la primera página de mi diario de a bordo. Espero encontrar una embarcación pronto donde pueda contar mis historias una y otra vez ¡Hasta otra marejadilla grumetes! 



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